por Hipocrit el Lun Jul 07, 2008 10:50 am
Historia de un Romance (Elle)
Este es una expe de las que me gustan, preparada, soñada y deseada con varias semanas de antelación.
Esta vez me voy a permitir el no usar la plantilla. El motivo es el siguiente. La plantilla la utilizamos para ver si queremos tener una relación sexual con una profesional. Y entonces según nuestras preferencias vemos por la plantilla si encaja o no.
En este caso tenemos que plantearnos si queremos vivir un romance, entonces la mujer encaja, independientemente de que tengamos sexo o no. Yo tome esta opción. Y asumà el riesgo de que a lo mejor no hubiera nada. Pero nada de nada ya que de no haber feeling no habrÃa ni romance, aunque por los correos ya tenÃa la sensación de que Ãbamos a congeniar, para ello trate de usar mis más ruines tácticas de seducción.
Datos mÃnimos señorita de 39 años de muy pero que muy buen ver.
Contacto Via MP
El encuentro se fue fraguando unas 6 semanas antes. Como tenÃa que ser en Valencia. Y tenÃa que esperar una coordinación de trabajo para poder acudir. Forcé un poco las cosas y finalmente logre encajar el encuentro. HabÃa estado mirando el buzón de correo con más ansias que Maitetxu, siempre buscando pistas para deconstruir a mi amada. Fueron unas semanas maravillosas todo a mi alrededor irradiaba felicidad, hasta en mi cita anual con la AEAT me parecÃa oÃr música de Los Carpenters de fondo.
El ENCUENTRO
Yo esperaba escondido tras un periódico en el Hall del Hotel, estaba tan nervioso como la primera vez que fui de putas, mi corazón palpitaba a 135 ppm, De vez en cuando levantaba la cabeza para observar. ¿Será aquella? ….No ya le acompaña un cubano. Aquella otra tampoco no baja de los 82. Aqu…….no que es un señor de Finlandia (Parece un distribuidor de salmón ahumado) y asà durante los 25 minutos de retraso que me permitieron adelgazar 18 onzas.
Por fin el Hall se ilumino con su sonrisa, ponÃa cara de buscar a alguien, yo me escondà más detrás del “Levanteâ€, pero a la que trate de ver lo que ocurrÃa me cazo con su mirada tipo “Aquà estás, te he pillado†y ya no soltó a su presa.
En el Hall charlamos bajo las miradas curiosas de conserjes y botones, hasta que me pregunto por mis intenciones. Tratando de no propasarme ni precipitar las cosas le dije que querÃa darme un revolcón con ella. Y asà fue como con discreción yo fui en ascensor a mi habitación mientras ella subÃa los cuatro pisos andando.
Al cabo de un buen rato llamo a la puerta y la invite a pasar mientras de mi Ipod sonaba la séptima sinfonÃa de Beethoven (Cada vez que la oiga me traerá gratos recuerdos).
Mientras bebÃamos algo del minibar nos sentamos en la cama para hablar , ella era mi media naranja, mi alma gemela maldecÃa no haberla conocido 20 años antes, y ahora serÃamos un matrimonio feliz. Y tomarÃa su maravillosa tortilla de patatas, que si bien no la he probado ella me dice que le sale perfecta…….y si lo dice ella, yo la creo.
Mientras nos dejábamos mimar y cuidar como si lo hubiésemos hecho toda la vida nos Ãbamos masajeando y acariciando, los pies….las piernas…..la espalda y la ropa desaparecÃa sola los cambios de marcha eran muy suaves y casi no se notaban. Asà fue que me sumergà entre sus pechos, busque su punto G………ella se encontró con el jefe y se llevaron de maravilla. Su francés es divino, asÃ..asà también…nos comimos a la vez con un 69. Y aunque el jefe es lento y tardo en reaccionar ella es una maestra donde las haiga, y trabajo con sus mejores artes y no soltó al jefe hasta que este se supo tooooooooooda la lección. Un francés digno de estar en una vitrina.
Y asà fue como desnudos en la cama hablando y hablando y fumando algún que otro pitillin yo temÃa la despedida anunciada. Hasta que ella dijo “No me vas a invitar a cenar?â€
Fue como una llegada de aire fresco. No se estaba terminando, el romance iba a seguir. Nos duchamos y vestimos (En ese orden) .y a la calle, fuimos a un restaurante y durante la cena continuamos descubriéndonos más y esa es su maestrÃa, proporciona placer no solo en el sexo sino con su compañÃa. Me tuvo absorbido toda la cena, vi clarÃsimamente que estábamos hechos el uno para el otro, me lo estaba pasando muy bien, el coqueteo era continuo, juegos de miradas, frases cargadas con pócimas de amor. Siempre en la raya que marca el lÃmite entre la posesión y el deseo. Nos echamos los tejos sin herirnos.
Pero el reloj no perdonaba y se cobraba el tiempo rápidamente, y aquellos momentos de felicidad que parecÃan durar segundos, ahora los recuerdo durante horas.
Recuerdo mis últimas palabras que haran que se frague otro encuentro.
“Ahora que caigo no hemos folladoâ€
“Enrecordat de somiar amb tots el colorsâ€
En Resumen un Romance bajo la luna de Valencia.