Aunque no lo parezca, esto es una experiencia. Y al final de las letritas podéis ver los detalles que el Administrador requiere. Y a quien no le gusten mis cuentos, ya sabe, a pasar hoja, que yo aporreo el teclado como me place y con toda la subjetividad que quiero, que esto es asÃ, pura fantasÃa, las mÃas y algún que otro deseo. En resumen, lo que me permita el Administrador, lo dejo a su juicio. Y sin más preámbulos, empecemos, que esto, me temo, va para largo.
Lo reconozco, el tiempo va pasando y me encuentro hecho un adefesio. Algunos de aquà creen que miento. Pero no, cuando me describo soy sincero: de natural feo, gordo, bajo, calvo, soso, pelÃn contrahecho, con aromas diversos que ningún perfumista reconocerÃa con su marca, pésimo amante y, finalmente, lelo. Claro que para llegar a esto último primero hay que tratarme, pero ninguna lo ha logrado, huyen. Y no las culpo. La imagen, la maldita imagen. ¡Si es que aquà sois todos unos relamidos pijos, sabéis de marcas, buena mesa y mejor cama!
Llevaban un tiempo los amigos, los compañeros, mi padre (que siempre se queja que cuando pasea conmigo piensen que soy su abuelo) dándome el mismo consejo: “Gerundio, que ya es tiempo, necesitas que te operen, de estética, por completo, eres un desastreâ€. Pero tenÃa mucho miedo, hay algo que no soporto cuando a uno lo colocan en la mesa del carnicero, la anestesia.
Sólo me han hecho en la vida una operación, la fimosis. Y la anestesia fue parcial. Lo pasé muy mal. Porque despierto, me di cuenta de que el cirujano, tras buscar el pellejo, solicitó la lupa de aumento, casi me castra el tÃo y eso que yo, despierto, le indicaba: ¡AhÃ, que es ahà ¿Que eres tuerto?! No, me contestaba el muy cegato, no es ahÃ, eso es un grano. El ayudante se desmayó, un mareo, se sospecha que por forzar la vista buscando el sexo. Y las dos enfermeras no paraban de reÃr, señalando mis partes, comentando no se que de un piñón y dos avellanas. Yo muy asustado, aterrorizado, operaba mi delicado cerebro un ciego y ellas, cabronas, hablando de frutos secos.
Asà que ya diréis, operarme nuevamente, jamás. Pero seguÃa ajándome y, por aquello de la suerte, me comentaron la existencia de una cirujana, una tal Nina, especializada en estética y que, sorprendentemente, era una maravilla con la anestesia.
Y quedamos un dÃa, en la clÃnica que al final indico. En el chequeo previo dudé. Yo le preguntaba: “¿Me harás crecer? ¿Me quitarás la papada? Quiero recta la espalda. Y un aliento mentolado. Y, si, si, si, tabla de planchar en la barriga. Y que cambie el color de mis ojos. Y quiero ………..†Y asÃ, pidiendo, hasta mil. Y a todo ello, mirándome, sonriendo, muy atenta, encantadora, amable, Nina me decÃa sÃ. A todo, salvo lo que al final cuento.
Es una cirujana guapa, para mi gusto muy guapa, si, me gusta, lo reconozco, quizás en exceso. De ahÃ, aviso de nuevo, la subjetividad. Pero como decÃa un artista de los trapos hoy ya muerto, la frase no es mÃa, tener buen gusto es sencillo, solo hay que tener el mÃo. Si donde disimulaba que estudiaba hubiera tenido una compañera asÃ, hoy serÃa más feliz y un total analfabeto. Hermosa de cuerpo, con tiento. Conquista sin esfuerzo. Engancha. Peligrosa para los que como yo, como todos, no os creáis de superiores luces y condición, que nos conocemos, tenemos nuestra única neurona tonta y gacha. Y como soy un descerebrado, pensé que si su técnica y conocimientos para cumplir mis peticiones y deseos eran similares, a partir de ahà podrÃa cambiar mi nick, no sé, no sé, quizás por el de Pitt, que hasta las narices estoy de tanto guapo experto que pulula por el foro. Pero la anestesia, la anestesia me seguÃa preocupando, me daba miedo. Ella me calmó “no tengas miedo, dormirás plácidamente, no te darás cuenta “.
Y tumbado en la mesa de operaciones, preparado, ya listo, ella salió de la antesala y aquà mi primera sorpresa, cierto que ha pasado un siglo desde mi primera operación, pero parece ser que los cirujanos ya no visten de verde ni llevan bata. Me dijo que los tiempos cambian y que ahora, en operaciones como la mÃa, se viste ropa interior que embellece y realza, para que el paciente se sienta cómodo. Y que me iba a suministrar la anestesia, que no tuviera miedo, que serÃa dulce, un muy dulce sopor con sueños, agradables, muy agradables.
Mientras se acercaba, siempre sonriendo, siempre guapa, siempre dulce, la observe y por primera vez pensé que ojalá no me anestesiara, que me operara despierto, que querÃa ver como esas manos trabajaban, que al mÃnimo dolor me quejarÃa, me agarrarÃa a sus piernas, a sus caderas, a su precioso pecho, a su cuello, esconderÃa mi cabeza en su sexo, me harÃa el niño asustado, gritarÃa puuupaaaaa mamaaaaaaaaaaaaa, le pedirÃa arrullos, besos, mimos, puuuupaaaaa. Sólo tuve tiempo de decirle, “si con mis despojos no consigues adecentarme, intenta que quede como tú, no me importarÃa, que conozco un foro donde tendrÃa éxito y …………..†No pude seguir ……………….. recuerdo oÃr, muy cerca de mÃ, noté su aliento, un suave susurro “Ssssssshhhhhhhh, relájate Gerundio, mi niño, cierra los ojos, asÃ, duerme, voy a anestesiarte, no estés inquieto que todo empieza con un besoâ€. Y eso es lo último que recuerdo antes de dormir, un cálido beso, uno solo, que lo encontré muy dulce y goloso, húmedo, largo, denso. Y, ya drogados los sentidos, mi último y profundo pensamiento: “Mi madre, hermana, abuela y una prima con granos que tengo en Toledo no me besan asÃâ€. Y me dormÃ.
De la operación no recuerdo absolutamente nada. Sólo sé que desperté de igual forma, otro beso, idéntico al anterior. Pensaba que era imposible su repetición. ¡Milagro! Y lo más sorprendente, me fui a casa por mi propio pie. Ni cicatrices, ni dolores, ni post operatorio, nada, absolutamente nada, solo seguir la advertencia de la cirujana: “solo tú apreciarás los resultados, lamentablemente no duran mucho tiempo, esto es asÃ.â€.
Lo curioso es que si recuerdo lo que soñé anestesiado mientras Nina me operaba. Soy muy burro, si lo supiera Nina se enfadarÃa. Porque sé que es un sueño, que estas cosas no existen, pura imaginación, la anestesia tiene eso, estás dormido y nada es cierto, pero a Nina me la comà a besos, lo que casi nunca hago; la acaricié un larguÃsimo rato, lo que tampoco; el soso la hizo reÃr, algo extraño en mi; le dije mil cosas que consideré bonitas, sus ojos, sus labios, sus hombros, sus pechos, sus piernas y pies, sus manos, su sexo, hasta sus pestañas; derrame con exceso mi cursilerÃa sin importarme y luego, en el cuerpo a cuerpo, no voy a daros datos, que si ya es intimo contar cosas de una pareja no pretenderéis que desnude mis sueños, vi que gozaba, que gozaba, si, que gozaba dedicándose a mà al mismo tiempo. Lo dicho, solo un sueño. Y si no fuera por ella, si no fuera porque estaba ella, dirÃa que sufrà una pesadilla, la maldita anestesia, porque sintiendo tanto placer, dulzura y calor, “estando tan agustito†como señaló un torero, no comprendo cómo termine sudando, con goterones cayendo por la frente, la espalda húmeda, el cuerpo cansado y sobre todo, es horrible el pensarlo, ni en mis peores pesadillas, fui generoso por una vez, me movà e interesé por ella, por si deseaba algo, por si querÃa algún tipo de caricia, unos besos, mimar su cuerpo, olvidarme de mi e intentar darle placer. Lo que os digo, a mà la anestesia me sienta mal, pero que muy mal. Hasta estarÃa dispuesto a pagar una vulgar letra de cambio, lo que nunca he hecho.
Fijaros si soy imbécil, no se me ocurrió preguntar en que farmacia expenden tan extraño alcaloide para, de tanto en tanto, tomarme unas infusiones, aunque sospecho que en este asunto, el éxito está en quien lo da, cómo se da y la dosis que suministra. Puro arte.
Y lo más raro, mis amigos, los compañeros del trabajo, mis acreedores, los y las que me soportan del foro, todos y todas, a mi pregunta de “¿Me notáis cambiado?†me contestan que no, que sigo siendo el de siempre, ese bajito gordo, feo, pobre, borde y soso ………………, que no tengo remedio, por mucho que me aplique.
Pero que queréis que os diga, cuando estoy solo, recuerdo el sueño de la anestesia, me miro al espejo y desde hace un tiempo veo a un tipo que no soy yo y que no me desagrada, mÃnimamente aceptable, un poquito más alto y delgado, el color de ojos clareado y que ha cambiado la talla de los calzoncillos de M a XXXLLL, ¡¡¡ahà sÃ, ahà sà que se nota mucho el cambio!!!. Y estoy satisfecho, muy satisfecho, porque me importa un bledo como me vean los demás.
Eso sÃ, eliminar la calva y disponer de unas cuantas neuronas más no ha sido posible, ya me lo advirtió “yo opero, no hago milagrosâ€. Y también tenÃa razón sobre la brevedad de los efectos. Hoy, cuando posteo esto, transcurrido ya un tiempo, noto que se empiezan a deteriorar los dientes. Y no me quiero dejar. Volveré a que me opere, porque con suerte salgo con unos de leche, al cambiarlos se deforman y, nuevamente, la vuelvo a ver para una complicada ortodoncia, que mis fantasÃas son retorcidas. La culpa, de los frailes de abadÃa que me educaron.
No, no me he enganchado a Nina ni a las operaciones, es para disimular, no quiero que Nina sepa que a mà lo que menos me importa es que me opere, yo lo que quiero es que, nuevamente, me vuelva a anestesiar.
Para ti, bellezón, intentando disimular mi torpeza.
PLANTILLA
FECHA DE LA OPERACIÓN: Esta semana
NOMBRE DE LA CIRUJANA: Nina
NOMBRE DE LA CLÃNICA: Centro de CirugÃa Estética Breda
WEB: No tiene. Se anuncia esporádicamente en LoQuo.
MAIL: Me lo ha indicado para publicarlo
ninafuster@hotmail.com TELÉFONO DE CONTACTO: No tiene. Solo el email que os he indicado.
TARIFAS APLICADAS: 250 euros por 2 horas, lo que duró la operación.
DETALLES DE LA CIRUJANA: 165, morena, catalana, 33 años, no los aparenta, un cuerpo exquisito, una sonrisa preciosa, trato inmejorable. Y añado yo, manos prodigiosas y, muy especialmente, lo mejor, la anestesia que utiliza en la operación.
VALORACIÓN DE LA CIRUJANA: Excelente. Poner la sonrisa de calificación que queráis, hasta el segundo molar, que lo tengo picado y no lo quiero mostrar.
¿REPETIRÃAS? SÃ, me la inyectaba ahora mismo. A ella, con la anestesia incluida.